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Canciones

Aquí está la letra de las alabanzas que cantaremos hoy.

Te doy gloria
| A | A | A | A | Cuán hermoso Eres Jesús Son tus palabras Es tu amor Cuán glorioso Eres Jesús Es tu poder Fue tu cruz La que me salvó Y me rescató Un momento ahí Nos dio libertad ///Te doy gloria, gloria/// A ti Jesús //Con una corona De espinos Te hiciste Rey por siempre//
En la cruz
| A A E/G# A | B | Señor conoces Mi corazón Aun cuando te fallo Sé que me amas Con tu presencia Rodéame En todo tiempo //Sé que me amas// Hoy me postro ante Jesús Diste tu sangre en la cruz No hay otro amor igual Él murió y resucitó Sobre la muerte venció Nada me separará | A A E/G# A | B | Mi escudo eres Mi protección Tú me sostienes Sé que me amas //El velo rasgó Un camino abrió Todo consumado es// Aun en tormentas O tempestad Tú estás conmigo //Sé que me amas//
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¡Bienvenido!

¡Qué alegría tenerte hoy con nosotros! Hoy es nuestra reunión de conexión. Busca el número de mesa en tu gafete, sírvete pan y café, y conoce a alguien nuevo. Vamos a animarnos unos a otros, escribir una tarjeta para alguien a quien extrañamos y celebrar juntos la mesa del Señor. Los niños saldrán a su clase. ¡Bienvenido a casa!

Cumpleaños de noviembre
Cumpleaños de noviembre

Felicidades a quienes cumplen en estos días. ¡Celebramos contigo la bondad de Dios hacia tu vida!

  • 1 de noviembre — Paty Altamira
  • 1 de noviembre — Regina Isabela
  • 2 de noviembre — Darío
  • 5 de noviembre — Zaynne Ánimas
  • 5 de noviembre — Alexa Oviedo
  • 10 de noviembre — Lala Mendoza
  • 14 de noviembre — Fátima Jiménez
  • 29 de noviembre — Amelia López

Si conoces a alguien más que cumple en estas fechas, favor de avisarnos.

Participaciones

Hoy, 1 de noviembre

Área Persona(s)
Sillas Rich y Paco
Ujieres Génesis y Lala
Programa Sara
Alabanza Zabdi
Niños Ricardo O. y Amylú
Agua Licho con Beto y Jenny

Próximo domingo, 8 de noviembre

Área Persona(s)
Sillas José Antonio, Alexis y Jorge
Ujieres Andrea y Madai
Programa Fernando
Alabanza Anna
Niños José Antonio y Karelia
Agua Lala

Nota: Si por alguna razón no podrás asistir algún domingo, avisa con anticipación e indica quién te reemplazará. Recuerda que es tu responsabilidad buscar quién tome tu lugar. ¡Gracias por tu compromiso y apoyo!

Boletín semanal

Cada semana estamos publicando un boletín y entregándolo de forma impresa durante la reunión. También lo puedes consultar aquí: Boletín Semanal

Artículos
Hijo de consolación
Hijo de consolación

Lo que aprendí de Bill y Gerda Brown

Bill y Gerda Brown, que fueron mis pastores, llegaron a Sierra Leona sin dinero. La ayuda que esperaban de Canadá no había llegado, y en Freetown no conocían a nadie. Gerda contaba que al llegar los estaba esperando toda la tribu kroo, gente grande y sudorosa, abrazándolos uno tras otro. Cuando por fin encontraron una casita, las mujeres de la iglesia iban a darles la bienvenida a su manera. Cantaban todo el día con sus panderos, y cuando se cansaban, como no había muebles, se acostaban en el piso a dormir. Un día Bill volvió del centro y casi se cae del susto, porque el piso de la casa estaba tapizado de mujeres dormidas.

Los recibieron con tanto cariño que ese amor les sostuvo el ánimo en sus primeros días en África. Así se anima a alguien.

Un hombre llamado Bernabé

Cuando Gerda enseñaba sobre el don de exhortación, ponía como ejemplo a Bernabé. Se llamaba José, pero los apóstoles le pusieron por sobrenombre "Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación)" (Hechos 4:36). Gerda nos hacía ver cómo vivió ese nombre.

Saulo, recién convertido, llegó a Jerusalén y quiso juntarse con los discípulos, "pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo" (Hechos 9:26). Bernabé fue el que se le acercó: "Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor" (Hechos 9:27). Gerda lo decía así: Bernabé se identificó con Pablo y lo consoló. Antes de que la iglesia confiara en Saulo, alguien tuvo que dar la cara por él.

Años después pasó algo parecido con Juan Marcos, que los había dejado a medio viaje. Pablo no quería llevarlo otra vez, y Bernabé lo defendió hasta separarse de Pablo (Hechos 15:37-39). Al final de su vida, Pablo mismo escribió: "Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio" (2 Timoteo 4:11). Un joven que había fallado llegó a ser útil porque alguien no lo dio por perdido.

Gerda nos hacía notar también el mensaje de Bernabé. Él y Pablo iban por las iglesias "confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe", y en el mismo versículo les decían que "es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hechos 14:22). Animar a alguien no es prometerle que todo va a salir bien. Gerda enseñaba que el que exhorta sabe ver cómo la prueba puede producir madurez, y busca lo bueno que Dios puede sacar de ella.

Cada día

La carta a los Hebreos nos da una instrucción muy sencilla:

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. (Hebreos 3:12-13)

Dice cada día, no solo cuando alguien está en crisis. El que se aparta casi nunca lo hace de golpe. Se va enfriando poco a poco, falta un domingo, luego otro, y nadie le pregunta nada. Por eso hoy, en las mesas, vamos a escribir una tarjeta para alguien a quien extrañamos. Es lo que hizo Bernabé, ir a buscar al que se quedó atrás.

Hasta el pastor lo necesita

Bill enseñó a pastores de todo México por más de cincuenta años, desde 1972 hasta enero de este año. En una de sus clases en la Escuela Avanzada de Ministerio, ya grande, les dijo a los pastores: "Yo necesito exhortación de vez en cuando". Si Bill la necesitaba, tú también. La persona que se sienta a tu lado la necesita, aunque se vea fuerte.

Una niña con un micrófono

Gerda contó una vez de Sadie, su bisnieta, quien tenía apenas cuatro años en ese momento. En una iglesia nueva en Edmonton, Canadá, su papá había predicado un buen mensaje. Al final, mientras oraban por algunas personas, Sadie pidió el micrófono y dijo: "Dios dice que debemos tratarnos los unos a los otros de una manera mejor". Gerda decía que al día siguiente ya se les había olvidado el sermón, pero lo que dijo Sadie se les quedó. Cuando la familia iba a un restaurante y Sadie veía que alguien celebraba su cumpleaños, se le acercaba, le preguntaba si cumplía años y le decía que quería orar por él para que Dios le diera un buen año.

No hace falta ser pastor ni tener un don especial. Hace falta fijarse en el otro y decir algo. Hoy cada uno va a escribir una nota para alguien. Aquí en Tulancingo hay mucha gente que vive sola detrás de una pantalla, y hay hermanos en Ríos al Desierto que llegan cansados el domingo y se van sin que nadie les pregunte cómo están. Que esta semana alguien de nuestra iglesia sea un Bernabé para ellos. Puede ser que seas tú.

¿Dónde están los intercesores?
¿Dónde están los intercesores?

Lo que aprendí de Gerda Brown

Gerda Brown, que con su esposo Bill fue mi pastora, contaba muchas veces cómo la llamó Dios. Tenía ocho años y vivía en Dinamarca, donde sus papás eran pastores. En una convención de jóvenes se quedaron en un cuarto después de la reunión, orando y buscando a Dios. De repente vio unas letras grandes, de molde: AFRIKA, como se escribe en danés. Era una niña, pero supo que un día iría a África, y lo supo en un cuarto de oración. Años después llegó. Una de sus clases en la Escuela Avanzada de Ministerio fue sobre la oración intercesora, y hoy, en nuestro taller, quiero compartirte algo de lo que enseñó.

Un hombre en la brecha

Gerda decía que por algunos años Dios había puesto en las iglesias un gran énfasis en la alabanza y la adoración, y que ahora traía otro, la oración y la intercesión. Partía de un versículo que duele:

Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. (Ezequiel 22:30)

Justo antes de este versículo (Ezequiel 22:26-29), Dios dice dónde buscó. Buscó entre los sacerdotes, los príncipes, los profetas y el pueblo, y nadie se paró en la brecha. Es triste, pero puede pasar hoy, aun en una iglesia muy ocupada.

Interceder es ponerse entre dos partes y hablar a favor de otro, como un juez que media entre dos (así lo dice la palabra hebrea palal). El gran intercesor es Jesús, que vive "siempre para interceder" por nosotros (Hebreos 7:25). Cuando intercedemos, nos parecemos a Él. Y cuando no sabemos qué pedir, "el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Romanos 8:26).

Cuatro maneras de orar

Pablo le escribió a Timoteo: "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres" (1 Timoteo 2:1). Gerda nos hacía notar que no son cuatro palabras para lo mismo. Las oraciones son la oración general, con adoración. Las rogativas son una búsqueda más fuerte y profunda. Las acciones de gracias son una actitud de agradecimiento. Las peticiones, en griego, tienen la idea de una cita, un tiempo y un lugar donde nos encontramos con Dios a favor de otro.

Abraham ora por una ciudad

Dios iba a juzgar a Sodoma, y antes dijo: "¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?" (Génesis 18:17). Es la primera vez en la Biblia que Dios conversa con un intercesor. Dios revela Sus secretos a los que interceden.

Abraham no vivía en Sodoma. Lot, su sobrino, sí, y no leemos que Lot orara por su ciudad. Abraham se acercó y pidió misericordia por un lugar que ni siquiera era el suyo. Empezó con cincuenta justos y fue bajando hasta llegar a diez, y cada vez Dios le contestó. La última respuesta fue: "No la destruiré, respondió, por amor a los diez" (Génesis 18:32). ¿Por qué registra la Biblia toda esa conversación, paso por paso? Para que entendamos lo que vale la intercesión.

¿De dónde le venía esa confianza? Años antes, Abraham "vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová" (Génesis 13:18). Su intercesión empezó en Mamre, en el altar. Conocía el carácter de Dios, y por eso se atrevió a preguntarle: "El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?" (Génesis 18:25).

Días de autoridad y días de intercesión

Gerda también enseñaba sobre Elías. Era profeta y habló con autoridad, y no llovió en tres años y medio. Cuando llegó el tiempo de la lluvia, subió al Carmelo y, "postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas" (1 Reyes 18:42). Elías oró. Ella lo decía así: hay días de autoridad, y hay días de intercesión y de clamar a Dios. Si Dios escuchó a Elías, también te escucha a ti.

¿Quién intercede hoy?

La Biblia está llena de intercesores, desde Moisés junto al becerro de oro (Éxodo 32:11) hasta Jesús en la cruz (Lucas 23:34). Al final de su clase Gerda preguntaba: ¿quién está intercediendo hoy? Abraham se paró en la brecha por una ciudad donde ni siquiera vivía. Nosotros vivimos en Tulancingo, y con más razón podemos pararnos en la brecha por nuestra ciudad. Gerda nos dejó una lista de cosas por las cuales interceder: que la iglesia tenga impacto en su ciudad, que ame a los pobres y que llegue a ser como la casa del padre del hijo pródigo, con la puerta abierta para el que regresa. No hace falta ser pastor ni profeta. Gerda tenía ocho años cuando Dios le habló en un cuarto de oración. Dios sigue buscando a alguien que se ponga en la brecha. Que esta vez, cuando busque entre nosotros, nos halle.

Orar los unos por los otros
Orar los unos por los otros

Una reunión como la de hoy tiene algo especial. Hoy no habrá predicación: toda la iglesia se acerca a Dios al mismo tiempo, cantando y orando. Varios hermanos guiarán cada momento, pero todos participamos, y eso dice mucho de lo que es la iglesia.

Los primeros cristianos vivían así. Lucas cuenta que "perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42). Para ellos orar juntos era tan normal como sentarse a comer juntos. Nadie se lo dejaba a los pastores.

Empezamos dando gracias. El Salmo 100 nos invita a entrar "por sus puertas con acción de gracias" (Salmos 100:4), y tiene sentido: antes de pedirle algo a Dios, conviene recordar quién es él. Cuando damos gracias, los ojos se nos van de lo que nos falta a lo mucho que ya nos ha dado.

Luego oramos por unidad. La noche antes de morir, Jesús le pidió al Padre "que todos sean uno" (Juan 17:21). Pudo haber pedido mil cosas para nosotros y eligió esta. La unidad no es uniformidad. No tenemos que pensar igual en todo ni tener el mismo carácter. Se trata de estar unidos en amor alrededor de Cristo, soportándonos con paciencia y perdonándonos como él nos perdonó.

Y venimos con expectativa. Pablo escribió que "cosas que ojo no vio, ni oído oyó [...] son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9). No sabemos qué hará Dios hoy. Sí sabemos que escucha, y que le agrada responder cuando su pueblo se reúne a buscarlo.

Pablo usa otra imagen que nos gusta mucho: corazones "unidos en amor" (Colosenses 2:2). La palabra tiene la idea de algo entretejido, como los hilos de una tela. Un hilo suelto se rompe con nada. Muchos hilos tejidos juntos aguantan peso. Cada uno de nosotros es diferente, y aun así, juntos sostenemos cargas que nadie podría llevar solo.

Por eso cerramos orando los unos por los otros. En las últimas semanas hemos orado por personas concretas, con nombre y con necesidades reales. Hoy volvemos con ellas para saber cómo les ha ido y seguir orando. Gálatas 6:2 lo dice sencillo: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2). Orar por alguien es una manera muy práctica de cargar con lo que le pesa.

Tal vez te da pena orar en voz alta. No te preocupes. A Dios no le importa qué tan bonitas suenen nuestras palabras, y una oración de una frase, si es sincera, llega igual que una larga. Si hoy prefieres escuchar y decir "amén", también estás orando con nosotros.

Antes de irte, busca a la persona por la que oraste hace unas semanas y pregúntale cómo está. A veces la respuesta a una oración empieza con esa conversación.

Mi único consuelo
Mi único consuelo

Basta una llamada inesperada. Un diagnóstico o una pérdida, y de pronto nos damos cuenta de lo frágil que era todo lo que nos daba tranquilidad: la salud, el dinero, la familia, los planes que teníamos. Ni siquiera las bendiciones pueden ser nuestro consuelo. Dios sí sana y sí provee, pero un consuelo que solo funciona cuando llega el milagro se derrumba el día que el milagro tarda. Necesitamos algo que siga firme aun frente a la muerte.

En 1563, en Heidelberg, Alemania, un grupo de pastores escribió un catecismo para enseñar la fe a los jóvenes. Ya sé que la palabra "catecismo" nos recuerda la primera comunión, pero este es un documento evangélico. Resume lo que enseña la Biblia y pone los textos junto a cada respuesta para que los revisemos. Lo curioso es cómo empieza. Antes de cualquier regla o lista de doctrinas, hace la pregunta que todos nos hemos hecho en un hospital o en un velorio: "¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?" Y responde: "Que no me pertenezco a mí mismo, sino que, en cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, pertenezco a mi fiel Salvador, Jesucristo". Pablo lo dijo antes: "Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos" (Romanos 14:8).

Somos de Cristo. Es fácil pensar "mi vida es mía y yo decido qué hago con ella". La Escritura dice otra cosa: "no sois vuestros. Porque habéis sido comprados por precio" (1 Corintios 6:19-20). Dios nos creó y Cristo nos compró. En los pueblos de Hidalgo, cuando llega alguien desconocido, la gente casi nunca pregunta primero cómo se llama. Pregunta: "¿Y tú de quién eres?". Si alguien nos lo preguntara a nosotros, la respuesta más honda tendría poco que ver con el apellido o el trabajo: "No soy mío; soy de Cristo".

Cristo pagó por completo. Lo que más necesitamos es perdón, y eso nadie lo puede comprar. Pedro lo dice así: "fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo" (1 Pedro 1:18-19). Piensa en la cuenta que llevas fiado en la tienda de la esquina. Cada semana la doña apunta en su libreta, y la cuenta crece más rápido de lo que puedes abonar. Un día llegas, apenado, con unos pesos, y ella te dice: "Ya no debes nada. Vino alguien y lo pagó todo". Así quedó nuestra deuda con Dios, tachada, sin saldo pendiente.

Cristo nos libertó. "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 8:36). Jesús se hizo hombre "para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Hebreos 2:14-15). Ya viene el Día de Muertos, y detrás de las flores de cempasúchil muchas veces hay preguntas que nadie dice en voz alta. ¿Dónde están los que se fueron? ¿Qué va a pasar conmigo? El que es de Cristo puede dejar ese miedo. La muerte no es una santa a la que hay que tenerle devoción; es un enemigo que Cristo ya derrotó.

El Padre nos cuida. "Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis" (Mateo 10:30-31). Jesús les dijo esto a discípulos que iban a enfrentar oposición, así que la promesa incluye los días malos. Ningún sufrimiento se le sale de las manos al Padre, y Él usa aun las pruebas para nuestro bien (Romanos 8:28).

La segunda pregunta del catecismo nos enseña a vivir en el gozo de este consuelo, y para eso pide conocer tres cosas: cuán grande es nuestro pecado, cómo Dios nos libra en Cristo, y cómo vivir agradecidos. Esa última palabra importa. Muchos crecimos con la idea de la manda: "Si la Virgen me cura a mi hijo, voy caminando a la Basílica". La manda es un trato. Le prometo algo a Dios para conseguir un favor, o se lo pago después para quedar a mano. Esa mentalidad también se mete en la iglesia, cuando ayunamos u ofrendamos para que Dios nos bendiga.

La gratitud funciona al revés. Ya no hay nada que negociar, porque Cristo pagó "por completo". Pablo pone el orden muy claro: primero dice "por gracia sois salvos por medio de la fe", y después habla de las "buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Efesios 2:8-10). Piensa en un hijo que le ayuda a su papá porque lo quiere y está agradecido con él, sin llevar la cuenta de lo que le debe. Así servimos a Dios. Cada vez que obedecemos o servimos a otros, le estamos diciendo "gracias" por lo que ya hizo.

¿Puedes decir esas palabras como tuyas? Si todavía no, ven hoy a Cristo con fe. Y si ya eres suyo, vive esta semana como alguien que le pertenece.

Una carta desde Uganda

Queridos hermanos y hermanas de Ríos al Desierto:

¡Saludos desde Uganda! Hannah y yo queríamos contarles lo que Dios ha hecho en estos meses. Cada vez que nos sentamos a escribirles, terminamos con una lista larga de motivos para dar gracias.

Desde mayo hemos viajado de un distrito a otro para graduar a nuevos líderes de iglesia. Fueron 7 en Kyamazima, en Kabarole, y 24 en Rushere, en Kiruhura, donde el pastor Paul Kinataama nos acompañó como predicador. Luego graduamos a 11 en Kyenjojo y a 22 en Kagadi. En agosto fueron 14 en Bukwiri, en Kiboga, y en septiembre, 15 en Mikole, en Kamwenge. Nos encanta ver la alegría en sus caras el día de la graduación. Regresan a sus aldeas mejor preparados para cuidar del pueblo de Dios.

Con los 27 que graduamos en Bushenyi a principios de año, ¡ya son 120 líderes de iglesia en 2026! Detrás de cada uno hay una congregación que va a ser pastoreada con más amor y con más fundamento en la Palabra. Dios está estableciendo Su reino.

Entre viaje y viaje nos hemos reunido con el gabinete en Makerere, y Dios nos ha dado sabiduría en cada decisión. Hace unos meses nos juntamos con los capacitadores en el salón del Colegio Bíblico para planear cómo llevar esta capacitación a toda la nación. Es un sueño grande, pero sabemos que viene de Dios.

Ustedes son parte de todo esto. Sus oraciones y su apoyo llegan hasta estas aldeas, y cada graduado es también fruto de su generosidad. Por favor, sigan orando por estos nuevos líderes y por las iglesias que sirven.

Que el Señor los bendiga y los guarde. Los llevamos en el corazón.

Con mucho amor,
Benon y Hannah

Apuntes
Animaos unos a otros

Hebreos 10:23-25; 1 Tesalonicenses 5:11

1. No podemos vivir solos

  • En lo natural dependemos de muchas personas. En lo espiritual y lo emocional, también: familia, amigos, pastores y hermanos que oran y caminan con nosotros.

2. Animar

  • Hebreos 10:24
  • Ayudar a alguien a recuperar el ánimo, la esperanza o el valor, con palabras, gestos o acciones. No es negar sus dificultades, sino acompañarlo.
  • Considerarnos atentamente unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

3. ¿Cómo puedo animar a otros?

  • Preguntar por sus necesidades y orar por ellas.
  • Escuchar con el corazón y no solo con el oído.
  • Hacerles saber que son vistos y que son importantes para nosotros.
  • Un versículo, una palabra del Espíritu Santo, un abrazo.
  • Buscar al que dejó de congregarse: una llamada o un mensaje.

4. Exhortándonos

  • Hebreos 10:25
  • "Llamar a nuestro lado": no es reprender, sino acercar para animar y consolar.
  • Interesarnos, escuchar, orar unos por otros, recordar las promesas de Dios y fortalecernos.
  • No es solo para los líderes: es para todos los discípulos.

5. Tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca

  • El amor de muchos se enfriará (Mateo 24:12): desconfianza, aislamiento detrás de pantallas, indiferencia, relaciones desechables.
  • Como cristianos, volvamos al verdadero amor y cuidado.