Aquí está la letra de las alabanzas que cantaremos hoy.
Canciones
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¡Qué alegría tenerte hoy con nosotros! Hoy tenemos la enseñanza Amor por la casa de Dios. Al llegar recibirás una hoja para llenar durante la enseñanza. Los niños saldrán a su clase. ¡Bienvenido a casa!
Felicidades a quienes cumplen en estos días. ¡Celebramos contigo la bondad de Dios hacia tu vida!
- 1 de noviembre — Paty Altamira
- 1 de noviembre — Regina Isabela
- 2 de noviembre — Darío
- 5 de noviembre — Zaynne Ánimas
- 5 de noviembre — Alexa Oviedo
- 10 de noviembre — Lala Mendoza
- 14 de noviembre — Fátima Jiménez
- 29 de noviembre — Amelia López Ramos
Si conoces a alguien más que cumple en estas fechas, favor de avisarnos.
Hoy usamos una hoja impresa para seguir la enseñanza Amor por la casa de Dios. Si no alcanzaste una, descárgala aquí: Amor por la casa de Dios (hoja del alumno, PDF)
Hoy, 8 de noviembre
| Área | Persona(s) |
|---|---|
| Sillas | José Antonio, Alexis y Jorge |
| Ujieres | Andrea y Madai |
| Programa | Fernando |
| Alabanza | Anna |
| Niños | José Antonio y Karelia |
| Agua | Lala |
Próximo domingo, 15 de noviembre
| Área | Persona(s) |
|---|---|
| Sillas | Rich y Paco |
| Ujieres | Claudia |
| Programa | Adriana |
| Alabanza | Zabdi |
| Niños | Claudia y Ricardo L./Belém |
| Agua | Fátima |
Nota: Si por alguna razón no podrás asistir algún domingo, avisa con anticipación e indica quién te reemplazará. Recuerda que es tu responsabilidad buscar quién tome tu lugar. ¡Gracias por tu compromiso y apoyo!
Boletín semanal
Cada semana estamos publicando un boletín y entregándolo de forma impresa durante la reunión. También lo puedes consultar aquí: Boletín Semanal
Artículos
Para seguir pensando después de la enseñanza sobre el amor por la casa de Dios
Hoy hablamos del amor por la casa de Dios. La enseñanza se imparte en una hora, pero lo que Dios quiere hacer en nosotros con ella toma más tiempo. Por eso te dejo cuatro preguntas para que las lleves a tu casa esta semana. No son para que te sientas mal. Son para que, con calma y delante de Dios, veas cómo está tu corazón y le pidas que lo encienda otra vez.
Te sugiero que no las contestes todas de una vez. Toma una cada par de días, y si puedes, platícala con tu esposo o tu esposa, con tus hijos o con alguien de tu grupo.
1. ¿Por qué vengo?
En la enseñanza vimos que hay quienes vienen a la iglesia por miedo, otros por obligación y otros por amor. Casi todos hemos pasado por las tres en distintas temporadas. Hay épocas en que uno llega con muchas ganas, y otras en que llega por pura costumbre, cansado y sin saber bien para qué.
Una manera sencilla de saber dónde estás es fijarte en lo que sientes el sábado en la noche. ¿Esperas el domingo o te da flojera? Y cuando por algo no puedes venir, ¿lo extrañas o sientes alivio?
Si te das cuenta de que vienes más por obligación que por amor, no dejes de venir. Dile a Dios la verdad. David, cuando estaba en el desierto, oraba así:
Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas. (Salmos 63:1)
Esa sed también se le puede pedir a Dios. A Él no le asusta que le digamos que nuestro corazón está frío. Entrégaselo así, como está, y pídele que lo caliente.
2. Si pudieras pedirle a Dios una sola cosa...
Haz este ejercicio. Toma una hoja y escribe las cosas por las que más has orado este año. Seguramente aparecen la salud, el trabajo, los hijos o alguna deuda. Está bien, porque Dios quiere que le pidamos por todo eso.
Ahora mira tu lista con calma. ¿Aparece Dios mismo en ella? ¿Le has pedido estar con Él, conocerlo más, sentir Su presencia?
Esta semana intenta algo. Antes de presentarle tus peticiones, dedica unos minutos solo a estar con Él. Dale gracias y adórale. Después le puedes pedir lo demás. Vas a notar que ese orden cambia tu manera de orar.
3. ¿Qué compite con la casa de Dios en mi agenda?
Honestamente, casi nunca faltamos por algo malo. Es la comida familiar, el partido de los niños, el turno extra, la visita que llegó de Pachuca, una fiesta especial, o simplemente el cansancio. Son cosas buenas, y algunas no se pueden evitar. Hay hermanos que trabajan en domingo, y Dios conoce el corazón de cada persona.
Pero ya viene diciembre, con posadas, intercambios, viajes y muchas invitaciones. Es una de las temporadas en que más fácilmente se nos va el domingo sin darnos cuenta. Te propongo que esta semana abras tu calendario y marques los domingos de noviembre y diciembre antes de que se llenen. Así como apartas la cita con el doctor, aparta tu lugar en la casa de Dios.
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría. (Salmos 90:12)
Contar nuestros días es darnos cuenta de que no son infinitos. La manera en que los llenamos dice mucho de lo que amamos.
4. Papás: ¿qué escuchan sus hijos en la mesa?
Esta pregunta es para los que tenemos hijos, y también para los abuelos y los padrinos. Los niños escuchan todo, sobre todo lo que decimos cuando creemos que no están poniendo atención. Si en la comida del domingo lo que más se oye es crítica, van a crecer pensando que la iglesia es un problema.
Aquí van algunas ideas sencillas:
- En la comida del domingo, pregúntales: ¿Qué te gustó hoy? ¿Qué aprendiste? Y cuéntales tú también lo que Dios te habló.
- Oren juntos, por nombre, por los hermanos que cada domingo dan clases a los niños y por los que dirigen la alabanza.
- Si algo te molestó, platícalo con la persona (Mateo 18:15) o con los pastores, y no lo pongas en la mesa delante de tus hijos ni delante de tus amistades.
- Cuando Dios conteste una oración, díganlo en voz alta en casa y denle gracias juntos.
Generación a generación celebrará tus obras, Y anunciará tus poderosos hechos. (Salmos 145:4)
Nuestros hijos van a celebrar las obras de Dios cuando nos escuchen celebrarlas primero a nosotros.
Para empezar esta semana
No hace falta que contestes todo perfecto. Basta con empezar. Escoge la pregunta que más te movió hoy y llévala a Dios en oración. Platícala con alguien de confianza, y pídele que ore contigo.
El amor por la casa de Dios crece como crece cualquier amor, pasando tiempo juntos. Mientras más tiempo pasamos con Él y con Su pueblo, más lo vamos a desear.
Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. (Salmos 34:8)
Lo que aprendí de Bill y Gerda Brown
Bill y Gerda Brown, que fueron mis pastores, llegaron a Sierra Leona sin dinero. La ayuda que esperaban de Canadá no había llegado, y en Freetown no conocían a nadie. Gerda contaba que al llegar los estaba esperando toda la tribu kroo, gente grande y sudorosa, abrazándolos uno tras otro. Cuando por fin encontraron una casita, las mujeres de la iglesia iban a darles la bienvenida a su manera. Cantaban todo el día con sus panderos, y cuando se cansaban, como no había muebles, se acostaban en el piso a dormir. Un día Bill volvió del centro y casi se cae del susto, porque el piso de la casa estaba tapizado de mujeres dormidas.
Los recibieron con tanto cariño que ese amor les sostuvo el ánimo en sus primeros días en África. Así se anima a alguien.
Un hombre llamado Bernabé
Cuando Gerda enseñaba sobre el don de exhortación, ponía como ejemplo a Bernabé. Se llamaba José, pero los apóstoles le pusieron por sobrenombre "Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación)" (Hechos 4:36). Gerda nos hacía ver cómo vivió ese nombre.
Saulo, recién convertido, llegó a Jerusalén y quiso juntarse con los discípulos, "pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo" (Hechos 9:26). Bernabé fue el que se le acercó: "Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor" (Hechos 9:27). Gerda lo decía así: Bernabé se identificó con Pablo y lo consoló. Antes de que la iglesia confiara en Saulo, alguien tuvo que dar la cara por él.
Años después pasó algo parecido con Juan Marcos, que los había dejado a medio viaje. Pablo no quería llevarlo otra vez, y Bernabé lo defendió hasta separarse de Pablo (Hechos 15:37-39). Al final de su vida, Pablo mismo escribió: "Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio" (2 Timoteo 4:11). Un joven que había fallado llegó a ser útil porque alguien no lo dio por perdido.
Gerda nos hacía notar también el mensaje de Bernabé. Él y Pablo iban por las iglesias "confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe", y en el mismo versículo les decían que "es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hechos 14:22). Animar a alguien no es prometerle que todo va a salir bien. Gerda enseñaba que el que exhorta sabe ver cómo la prueba puede producir madurez, y busca lo bueno que Dios puede sacar de ella.
Cada día
La carta a los Hebreos nos da una instrucción muy sencilla:
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. (Hebreos 3:12-13)
Dice cada día, no solo cuando alguien está en crisis. El que se aparta casi nunca lo hace de golpe. Se va enfriando poco a poco, falta un domingo, luego otro, y nadie le pregunta nada. Por eso hoy, en las mesas, vamos a escribir una tarjeta para alguien a quien extrañamos. Es lo que hizo Bernabé, ir a buscar al que se quedó atrás.
Hasta el pastor lo necesita
Bill enseñó a pastores de todo México por más de cincuenta años, desde 1972 hasta enero de este año. En una de sus clases en la Escuela Avanzada de Ministerio, ya grande, les dijo a los pastores: "Yo necesito exhortación de vez en cuando". Si Bill la necesitaba, tú también. La persona que se sienta a tu lado la necesita, aunque se vea fuerte.
Una niña con un micrófono
Gerda contó una vez de Sadie, su bisnieta, quien tenía apenas cuatro años en ese momento. En una iglesia nueva en Edmonton, Canadá, su papá había predicado un buen mensaje. Al final, mientras oraban por algunas personas, Sadie pidió el micrófono y dijo: "Dios dice que debemos tratarnos los unos a los otros de una manera mejor". Gerda decía que al día siguiente ya se les había olvidado el sermón, pero lo que dijo Sadie se les quedó. Cuando la familia iba a un restaurante y Sadie veía que alguien celebraba su cumpleaños, se le acercaba, le preguntaba si cumplía años y le decía que quería orar por él para que Dios le diera un buen año.
No hace falta ser pastor ni tener un don especial. Hace falta fijarse en el otro y decir algo. Hoy cada uno va a escribir una nota para alguien. Aquí en Tulancingo hay mucha gente que vive sola detrás de una pantalla, y hay hermanos en Ríos al Desierto que llegan cansados el domingo y se van sin que nadie les pregunte cómo están. Que esta semana alguien de nuestra iglesia sea un Bernabé para ellos. Puede ser que seas tú.
Lo que aprendí de Gerda Brown
Gerda Brown, que con su esposo Bill fue mi pastora, contaba muchas veces cómo la llamó Dios. Tenía ocho años y vivía en Dinamarca, donde sus papás eran pastores. En una convención de jóvenes se quedaron en un cuarto después de la reunión, orando y buscando a Dios. De repente vio unas letras grandes, de molde: AFRIKA, como se escribe en danés. Era una niña, pero supo que un día iría a África, y lo supo en un cuarto de oración. Años después llegó. Una de sus clases en la Escuela Avanzada de Ministerio fue sobre la oración intercesora, y hoy, en nuestro taller, quiero compartirte algo de lo que enseñó.
Un hombre en la brecha
Gerda decía que por algunos años Dios había puesto en las iglesias un gran énfasis en la alabanza y la adoración, y que ahora traía otro, la oración y la intercesión. Partía de un versículo que duele:
Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. (Ezequiel 22:30)
Justo antes de este versículo (Ezequiel 22:26-29), Dios dice dónde buscó. Buscó entre los sacerdotes, los príncipes, los profetas y el pueblo, y nadie se paró en la brecha. Es triste, pero puede pasar hoy, aun en una iglesia muy ocupada.
Interceder es ponerse entre dos partes y hablar a favor de otro, como un juez que media entre dos (así lo dice la palabra hebrea palal). El gran intercesor es Jesús, que vive "siempre para interceder" por nosotros (Hebreos 7:25). Cuando intercedemos, nos parecemos a Él. Y cuando no sabemos qué pedir, "el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Romanos 8:26).
Cuatro maneras de orar
Pablo le escribió a Timoteo: "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres" (1 Timoteo 2:1). Gerda nos hacía notar que no son cuatro palabras para lo mismo. Las oraciones son la oración general, con adoración. Las rogativas son una búsqueda más fuerte y profunda. Las acciones de gracias son una actitud de agradecimiento. Las peticiones, en griego, tienen la idea de una cita, un tiempo y un lugar donde nos encontramos con Dios a favor de otro.
Abraham ora por una ciudad
Dios iba a juzgar a Sodoma, y antes dijo: "¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?" (Génesis 18:17). Es la primera vez en la Biblia que Dios conversa con un intercesor. Dios revela Sus secretos a los que interceden.
Abraham no vivía en Sodoma. Lot, su sobrino, sí, y no leemos que Lot orara por su ciudad. Abraham se acercó y pidió misericordia por un lugar que ni siquiera era el suyo. Empezó con cincuenta justos y fue bajando hasta llegar a diez, y cada vez Dios le contestó. La última respuesta fue: "No la destruiré, respondió, por amor a los diez" (Génesis 18:32). ¿Por qué registra la Biblia toda esa conversación, paso por paso? Para que entendamos lo que vale la intercesión.
¿De dónde le venía esa confianza? Años antes, Abraham "vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová" (Génesis 13:18). Su intercesión empezó en Mamre, en el altar. Conocía el carácter de Dios, y por eso se atrevió a preguntarle: "El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?" (Génesis 18:25).
Días de autoridad y días de intercesión
Gerda también enseñaba sobre Elías. Era profeta y habló con autoridad, y no llovió en tres años y medio. Cuando llegó el tiempo de la lluvia, subió al Carmelo y, "postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas" (1 Reyes 18:42). Elías oró. Ella lo decía así: hay días de autoridad, y hay días de intercesión y de clamar a Dios. Si Dios escuchó a Elías, también te escucha a ti.
¿Quién intercede hoy?
La Biblia está llena de intercesores, desde Moisés junto al becerro de oro (Éxodo 32:11) hasta Jesús en la cruz (Lucas 23:34). Al final de su clase Gerda preguntaba: ¿quién está intercediendo hoy? Abraham se paró en la brecha por una ciudad donde ni siquiera vivía. Nosotros vivimos en Tulancingo, y con más razón podemos pararnos en la brecha por nuestra ciudad. Gerda nos dejó una lista de cosas por las cuales interceder: que la iglesia tenga impacto en su ciudad, que ame a los pobres y que llegue a ser como la casa del padre del hijo pródigo, con la puerta abierta para el que regresa. No hace falta ser pastor ni profeta. Gerda tenía ocho años cuando Dios le habló en un cuarto de oración. Dios sigue buscando a alguien que se ponga en la brecha. Que esta vez, cuando busque entre nosotros, nos halle.