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Canciones

Aquí está la letra de las alabanzas que cantaremos hoy.

Eres todopoderoso
La única razón De mi adoración Eres tú mi Jesús El único motivo para vivir Eres tú, mi Señor Mi única verdad está en ti Eres mi luz y mi salvación Mi único amor Eres tú, Señor Y por siempre Te alabaré Eres todopoderoso Eres grande y majestuoso Eres fuerte, invencible Y no hay nadie como tú Poderoso, poderoso
Clame
Vengo ante ti prostrado Con todo mi ser Te quiero ver Tuyo soy Señor Mi vida pongo en tus manos Dios de gracia Vengo en humildad En tu presencia Quiero estar Clamé y me oíste Me viniste a rescatar Contigo quiero estar Con mi fe te exaltaré Con mi amor te exaltaré Con mi ser te exaltaré
Mi Esperanza
No temeré Pues aquí estás Mi Salvador Me rodeas, Me rodeas Fuerza me das A ti clamaré Firme en la fe Proclamaré Mi esperanza está En el nombre de Dios El nombre de Dios Y mi refugio está En en nombre de Dios El nombre de Dios Me acercaré A tu presencia Mi vida está En tus promesas Tus promesas La batalla Has vencido ya Por el valle Tu gracia triunfará Cristo eres grande Tu nombre Siempre exaltaré
Digno de alabar
Cargaste tú mi cruz Mi libertad con tu vida compraste Y ahora tuyo soy Proclamaré tu bondad para siempre //Digno de alabar, Cristo Nombre sin igual Digno de alabar// Vergüenza, huye hoy Rendido estoy ante tu amor innegable Tu gracia eterna es Proclamaré tu bondad para siempre //Digno de alabar, Cristo Nombre sin igual Digno de alabar// Sé exaltado hoy en los cielos Ven y llena este lugar Eres digno de alabar No hay otro nombre igual
Vengo a adorarte
Luz eternal A la tierra viniste Mis ojos abriste a ver Belleza que hace Que yo te adore Esperanza de vida en ti Vengo a adorarte Vengo a postrarme Vengo a decirte Que eres Dios Tú eres tan hermoso Sólo tú eres digno Tan maravilloso para mí Rey eternal, Eres muy exaltado Glorioso en tu majestad Con humildad A la tierra viniste Llena de oscuridad Nunca sabré cuánto costó Ver mi pecado en la cruz Clama al nombre del Señor Y él te salvará Vengo adorarte . . .
Yeshúa
Mi orgullo me sacó del jardín Su humildad colocó el jardín en mí Si vendiese lo que tengo A cambio de su amor yo fallaría Su amor no se compra Ni se merece Su amor no se gana De gracia se recibe Yo quiero conocer a Jesús Yo quiero conocer a Jesús Y ser hallado en Él Yeshúa Mi amado es El más bello entre Millares y millares
Padre Nuestro
Padre nuestro En los cielos Santo es tu nombre Que venga tu reino Tu voluntad también Aquí como en El cielo, el cielo Venga aquí Como en El cielo Que venga aquí Tuyo es el reino Tuyo el poder Tuya es la gloria Por siempre, amén
Sobre todo
Sobre todo poder y rey Sobre todo lo creado Y todo ser Toda ciencia Y caminos por haber Antes que todo Ya estabas aquí Sobre todo reino Y tronos también Sobre todo Lo admirado por doquier Ni riquezas Ni tesoros por haber Podrán decir lo grande Que eres tú De la cruz A la tumba en mi lugar Vivir para morir Despreciado y solo estar Como flor Hollada sin piedad No te importó Pensaste en mí Sobre todo
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¡Bienvenido!

¡Qué alegría tenerte hoy con nosotros! Hoy no habrá mensaje: nuestra reunión es un tiempo para alabar, adorar y orar juntos. Distintos hermanos dirigirán cada canción y cada oración, y tú también eres parte de ello. Al terminar, quédate a celebrar con nosotros: ¡habrá pozole y festejo mexicano!

Cumpleaños del mes de septiembre
Cumpleaños del mes de septiembre

¡Felicidades a los que cumplen este mes! Celebramos contigo la bondad de Dios hacia tu vida.

  • 5 de septiembre — Claudia Badillo
  • 18 de septiembre — Odette Horta
  • 19 de septiembre — Fátima Reyes Ramos
  • 21 de septiembre — Israel González
  • 21 de septiembre — Sergio Rojas
  • 22 de septiembre — Valentina Ariza
  • 23 de septiembre — Sara Lont
  • 28 de septiembre — Kael Oviedo

¡Que el Señor les bendiga grandemente! Si conoces a alguien más que cumple este mes, favor de avisarnos.

Participaciones

Hoy, 20 de septiembre

Área Persona(s)
Sillas Rich y Paco
Ujieres Génesis y Lala
Programa Sara
Alabanza Anna
Niños Ricardo y Amylú
Agua Lala

Próximo domingo

Área Persona(s)
Sillas José Antonio, Alexis y Jorge
Ujieres Javier y Alma
Programa Anna
Alabanza Zabdi
Niños Ronit y Nadine
Agua Laura y Alma

Nota: Si por alguna razón no podrás asistir algún domingo, avisa con anticipación e indica quién te reemplazará. Recuerda que es tu responsabilidad buscar quien tome tu lugar. ¡Gracias por tu compromiso y apoyo!

También puedes descargar el calendario completo aquí: Participaciones septiembre

Boletín semanal

Cada semana estamos publicando un boletín y entregándolo de forma impresa durante la reunión. También lo puedes consultar aquí: Boletín Semanal

Artículos
Libertad cristiana
Libertad cristiana

A diferencia de un simple privilegio político, la libertad en Cristo es la obra transformadora de Dios que nos libra del poder del pecado y nos sitúa en Su reino de luz. La Escritura lo dice: «si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres» (Juan 8:36). Esa libertad perdona y nos capacita para vivir como siervos de Dios, orientando nuestros deseos y acciones según Su voluntad. Lejos de cualquier autonomía humana, nos permite caminar en obediencia amorosa a los mandatos de Dios, como el salmista que decía «Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos» (Salmo 119:45).

El 16 de septiembre recordamos la Independencia de México, una fecha que nos ayuda a reflexionar sobre el significado de la libertad. Ese movimiento surgió del deseo de un pueblo de romper cadenas opresoras y fundar una nación soberana, pero debemos recordar que hay que distinguir entre la libertad política y la espiritual. Mientras la independencia buscó liberar una tierra del dominio colonial, la libertad en Cristo libera el corazón del mal. Ambas comparten el anhelo de autodeterminación, pero la libertad en Cristo trasciende tiempos y fronteras, ofreciendo una liberación eterna que permite vivir con propósito, servir a Dios y ser sal y luz en cualquier sociedad, incluida la nuestra.

Graduación en Mikole
Graduación en Mikole

El pasado 17 de septiembre celebramos la graduación de 15 líderes de iglesia en Mikole, distrito de Kamwenge, Uganda. Damos gracias a Dios por lo que está haciendo en medio de estas iglesias, y a ustedes por su apoyo, que hace posible este trabajo.

Benon y Hannah escriben: «El 17 de septiembre de 2026 graduamos a 15 líderes de iglesia en Mikole, distrito de Kamwenge. Damos gracias a Dios por lo que está haciendo en medio de estas iglesias, y a ustedes por su apoyo, que hace posible este trabajo. ¡Muchísimas gracias! Con mucho cariño, Benon y Hannah.»

El Credo de los Apóstoles
El Credo de los Apóstoles

Imagina una guerra en la que los dos ejércitos usan el mismo uniforme y hablan el mismo idioma. ¿Cómo sabrías quién es amigo y quién es enemigo? Haría falta una contraseña. Algo parecido sucedió con el nacimiento del Credo de los Apóstoles. En la iglesia primitiva, algunos falsos maestros recorrían distintos lugares usando palabras cristianas, pero enseñando un mensaje diferente. El credo se convirtió en una especie de contraseña que ayudaba a los creyentes a reconocer a quienes realmente predicaban a Cristo.

El Credo de los Apóstoles resume la fe cristiana en doce artículos breves. Al principio era la confesión que hacían las personas que iban a ser bautizadas. Los doce apóstoles no se sentaron a escribirlo, pero surgió directamente de sus enseñanzas y resume fielmente lo que ellos predicaron. Por eso, los primeros creyentes podían decir que perseveraban «en la doctrina de los apóstoles» (Hechos 2:42).

Un credo grabado en el corazón

Alrededor del año 404, un líder de la iglesia llamado Rufino de Aquilea escribió un comentario completo sobre el credo. Él explicó que servía como una regla para distinguir la enseñanza verdadera de la falsa. Unos cincuenta años antes, alrededor del año 350, Cirilo de Jerusalén enseñaba a los candidatos al bautismo y les pedía que aprendieran el credo de memoria. Ellos lo repetían unos a otros sin escribirlo en ningún papel. El credo debía vivir en su corazón.

Esta práctica muestra la gran confusión doctrinal que existía en aquel tiempo. La iglesia quería asegurarse de que cada nuevo creyente entendiera la verdadera fe antes de bautizarse. El contenido del credo proviene directamente del Nuevo Testamento. Pablo escribió que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día (1 Corintios 15:3-4). La estructura de tres partes sigue las palabras de Jesús, quien envió a sus discípulos a bautizar «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19).

Creo en Dios Padre

El credo comienza con una relación, no con una teoría. «Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra». Jesús nos enseñó a orar diciendo «Padre nuestro», así que la fe comienza al conocer a Dios como un Padre amoroso. Él también es Todopoderoso, lo que significa que nada está fuera de su alcance ni de su gobierno. Además, Él es el Creador. Génesis 1:1 nos dice que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, y Juan 1:3 añade que todas las cosas fueron hechas por medio del Hijo.

Esta verdad era muy importante en el mundo antiguo, donde la mayoría de las personas creía en muchos dioses. El credo deja algo completamente claro. Hay un solo Dios, y Él creó todas las cosas.

Creo en Jesucristo

Hay algo muy hermoso en el credo. Seis de sus doce artículos hablan de Jesús. El credo comienza con el Padre, pero el Hijo ocupa el centro. Su historia completa aparece en seis momentos. Él nació, padeció, descendió, resucitó, ascendió y volverá.

Su nacimiento fue un milagro. El Espíritu Santo concibió a Jesús en el vientre de la virgen María, cumpliendo lo que Isaías había profetizado más de setecientos años antes (Isaías 7:14). Dios Padre es el verdadero Padre de Jesús.

Su sufrimiento ocurrió en un momento real de la historia. El credo incluso señala la fecha al decir que padeció «bajo Poncio Pilato». Rufino explicó que este detalle evita que nuestra fe se convierta en una leyenda vaga. La debilidad de carácter de Pilato lo llevó a entregar a Jesús. Los líderes religiosos tuvieron la mayor responsabilidad. La multitud siguió a sus líderes y gritó: «¡Crucifícalo!». Sin embargo, Jesús entregó su vida voluntariamente. Él dijo que nadie se la quitaba, porque Él mismo la ponía (Juan 10:17-18). Su muerte fue en nuestro lugar. Él fue herido por nuestras rebeliones, y por sus llagas fuimos sanados (Isaías 53:5).

Jesús entró verdaderamente en la muerte y descendió al lugar de los muertos, llamado Seol en hebreo y Hades en griego. La muerte no pudo retenerlo. Al tercer día resucitó, y Pablo pudo mencionar a más de quinientos testigos que lo habían visto, muchos de los cuales todavía vivían cuando él escribió (1 Corintios 15:5-6). También es interesante notar que la primera persona que vio al Señor resucitado fue María Magdalena, una mujer de quien Jesús había expulsado siete demonios.

Después, Jesús ascendió física y visiblemente al cielo, y se sentó a la derecha del Padre. El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés demuestra que llegó allí, tal como lo había prometido (Juan 16:7). Desde ese trono reina e intercede por nosotros en este momento (Romanos 8:34). Y desde allí volverá para juzgar a los vivos y a los muertos (Hechos 10:42).

Creo en el Espíritu Santo y en todo lo que Él produce

La tercera parte del credo confiesa al Espíritu Santo, la persona de Dios que nos consuela, nos enseña y habita en nosotros. Su ministerio sigue tan activo hoy como lo fue el día de Pentecostés. Él produce el nuevo nacimiento en nosotros, nos asegura que somos hijos de Dios, nos llena con su plenitud, nos hace parte de su iglesia, nos da valor para testificar, nos equipa con dones para servir a los demás y permanece con nosotros cada día hasta el fin.

Después, el credo menciona cinco cosas maravillosas que fluyen de su obra. La santa Iglesia Universal pertenece a Jesús, y Él mismo la edifica entre todas las naciones y a través de todos los siglos (Mateo 16:18). La comunión de los santos es la vida que compartimos como una sola familia de fe, algo mucho más profundo que simplemente reunirnos para convivir (1 Juan 1:7). El perdón de los pecados viene por medio de la sangre de Jesús y se recibe por gracia cuando confesamos nuestros pecados (1 Juan 1:9; Efesios 1:7). La resurrección del cuerpo significa que el mismo cuerpo que tenemos resucitará transformado y glorioso (1 Corintios 15:51-52). Nos reconoceremos unos a otros, así como conoceremos al Señor. La vida eterna incluye tanto la vida abundante que disfrutamos hoy en Cristo como la vida que durará para siempre en gloria (Juan 10:10; Juan 11:25-26).

¿Crees esto?

El credo comienza con dos palabras personales: «Yo creo». Es una confesión que cada uno de nosotros hace delante de Dios y delante de las personas. Romanos 10:9 dice que, si confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos en nuestro corazón que Dios lo levantó de los muertos, seremos salvos.

En una ocasión, después de declarar «Yo soy la resurrección y la vida», Jesús le hizo una pregunta directa a Marta. Le preguntó: «¿Crees esto?» (Juan 11:26). Esa misma pregunta llega hoy a cada uno de nosotros.

Te animo a hacer lo que hicieron los primeros cristianos. Aprende de memoria el credo. Grábalo en tu corazón. Cuando un amigo te pregunte qué crees, estarás preparado para darle una respuesta clara y llena de gozo.

Apuntes
Enfoques de oración

1. Las familias y la iglesia

2. Sanidad

  • Primero pediremos a Dios que nos muestre cómo orar
  • Luego declararemos y ministraremos lo que él nos muestre
  • Salmos 34:4
  • Isaías 53:5

3. México y nuestra presidenta

4. La mesa del Señor

  • Nos acercamos a la mesa con honor, con alegría y con un corazón dispuesto a arrepentirse, procurando «discernir el cuerpo de Cristo»
  • 1 Corintios 11:28-29