Aquí está la letra de las alabanzas que cantaremos hoy.
Canciones
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¡Qué alegría tenerte hoy con nosotros! Hoy vamos a recorrer el Credo de los Apóstoles, una de las confesiones de fe más antiguas de la iglesia. Por siglos, los creyentes lo aprendieron de memoria para grabar en su corazón lo esencial: quién es Dios Padre, lo que Jesús hizo por nosotros y la obra del Espíritu Santo. Hoy te invitamos a decir con nosotros, con convicción y con gozo: «Yo creo». ¡Bienvenido a casa!
¡Felicidades a los que cumplen este mes! Celebramos contigo la bondad de Dios hacia tu vida.
- 5 de septiembre — Claudia Badillo
- 18 de septiembre — Odette Horta
- 19 de septiembre — Fátima Reyes Ramos
- 21 de septiembre — Israel González
- 21 de septiembre — Sergio Rojas
- 22 de septiembre — Valentina Ariza
- 23 de septiembre — Sara Lont
- 28 de septiembre — Kael Oviedo
¡Que el Señor les bendiga grandemente! Si conoces a alguien más que cumple este mes, favor de avisarnos.
Hoy, 13 de septiembre
| Área | Persona(s) |
|---|---|
| Sillas | José Antonio, Alexis y Jorge Altamira |
| Ujieres | Alexis y Mariana |
| Programa | Fernando |
| Alabanza | Zabdi |
| Niños | José Antonio y Karelia |
| Agua | Fátima |
Próximo domingo
| Área | Persona(s) |
|---|---|
| Sillas | Rich y Paco |
| Ujieres | Génesis y Lala |
| Programa | Sara |
| Alabanza | Anna |
| Niños | Ricardo y Amylú |
| Agua | Lala |
Nota: Si por alguna razón no podrás asistir algún domingo, avisa con anticipación e indica quién te reemplazará. Recuerda que es tu responsabilidad buscar quien tome tu lugar. ¡Gracias por tu compromiso y apoyo!
También puedes descargar el calendario completo aquí: Participaciones septiembre
Artículos
Imagina una guerra en la que los dos ejércitos usan el mismo uniforme y hablan el mismo idioma. ¿Cómo sabrías quién es amigo y quién es enemigo? Haría falta una contraseña. Algo parecido sucedió con el nacimiento del Credo de los Apóstoles. En la iglesia primitiva, algunos falsos maestros recorrían distintos lugares usando palabras cristianas, pero enseñando un mensaje diferente. El credo se convirtió en una especie de contraseña que ayudaba a los creyentes a reconocer a quienes realmente predicaban a Cristo.
El Credo de los Apóstoles resume la fe cristiana en doce artículos breves. Al principio era la confesión que hacían las personas que iban a ser bautizadas. Los doce apóstoles no se sentaron a escribirlo, pero surgió directamente de sus enseñanzas y resume fielmente lo que ellos predicaron. Por eso, los primeros creyentes podían decir que perseveraban «en la doctrina de los apóstoles» (Hechos 2:42).
Un credo grabado en el corazón
Alrededor del año 404, un líder de la iglesia llamado Rufino de Aquilea escribió un comentario completo sobre el credo. Él explicó que servía como una regla para distinguir la enseñanza verdadera de la falsa. Unos cincuenta años antes, alrededor del año 350, Cirilo de Jerusalén enseñaba a los candidatos al bautismo y les pedía que aprendieran el credo de memoria. Ellos lo repetían unos a otros sin escribirlo en ningún papel. El credo debía vivir en su corazón.
Esta práctica muestra la gran confusión doctrinal que existía en aquel tiempo. La iglesia quería asegurarse de que cada nuevo creyente entendiera la verdadera fe antes de bautizarse. El contenido del credo proviene directamente del Nuevo Testamento. Pablo escribió que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día (1 Corintios 15:3-4). La estructura de tres partes sigue las palabras de Jesús, quien envió a sus discípulos a bautizar «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19).
Creo en Dios Padre
El credo comienza con una relación, no con una teoría. «Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra». Jesús nos enseñó a orar diciendo «Padre nuestro», así que la fe comienza al conocer a Dios como un Padre amoroso. Él también es Todopoderoso, lo que significa que nada está fuera de su alcance ni de su gobierno. Además, Él es el Creador. Génesis 1:1 nos dice que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, y Juan 1:3 añade que todas las cosas fueron hechas por medio del Hijo.
Esta verdad era muy importante en el mundo antiguo, donde la mayoría de las personas creía en muchos dioses. El credo deja algo completamente claro. Hay un solo Dios, y Él creó todas las cosas.
Creo en Jesucristo
Hay algo muy hermoso en el credo. Seis de sus doce artículos hablan de Jesús. El credo comienza con el Padre, pero el Hijo ocupa el centro. Su historia completa aparece en seis momentos. Él nació, padeció, descendió, resucitó, ascendió y volverá.
Su nacimiento fue un milagro. El Espíritu Santo concibió a Jesús en el vientre de la virgen María, cumpliendo lo que Isaías había profetizado más de setecientos años antes (Isaías 7:14). Dios Padre es el verdadero Padre de Jesús.
Su sufrimiento ocurrió en un momento real de la historia. El credo incluso señala la fecha al decir que padeció «bajo Poncio Pilato». Rufino explicó que este detalle evita que nuestra fe se convierta en una leyenda vaga. La debilidad de carácter de Pilato lo llevó a entregar a Jesús. Los líderes religiosos tuvieron la mayor responsabilidad. La multitud siguió a sus líderes y gritó: «¡Crucifícalo!». Sin embargo, Jesús entregó su vida voluntariamente. Él dijo que nadie se la quitaba, porque Él mismo la ponía (Juan 10:17-18). Su muerte fue en nuestro lugar. Él fue herido por nuestras rebeliones, y por sus llagas fuimos sanados (Isaías 53:5).
Jesús entró verdaderamente en la muerte y descendió al lugar de los muertos, llamado Seol en hebreo y Hades en griego. La muerte no pudo retenerlo. Al tercer día resucitó, y Pablo pudo mencionar a más de quinientos testigos que lo habían visto, muchos de los cuales todavía vivían cuando él escribió (1 Corintios 15:5-6). También es interesante notar que la primera persona que vio al Señor resucitado fue María Magdalena, una mujer de quien Jesús había expulsado siete demonios.
Después, Jesús ascendió física y visiblemente al cielo, y se sentó a la derecha del Padre. El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés demuestra que llegó allí, tal como lo había prometido (Juan 16:7). Desde ese trono reina e intercede por nosotros en este momento (Romanos 8:34). Y desde allí volverá para juzgar a los vivos y a los muertos (Hechos 10:42).
Creo en el Espíritu Santo y en todo lo que Él produce
La tercera parte del credo confiesa al Espíritu Santo, la persona de Dios que nos consuela, nos enseña y habita en nosotros. Su ministerio sigue tan activo hoy como lo fue el día de Pentecostés. Él produce el nuevo nacimiento en nosotros, nos asegura que somos hijos de Dios, nos llena con su plenitud, nos hace parte de su iglesia, nos da valor para testificar, nos equipa con dones para servir a los demás y permanece con nosotros cada día hasta el fin.
Después, el credo menciona cinco cosas maravillosas que fluyen de su obra. La santa Iglesia Universal pertenece a Jesús, y Él mismo la edifica entre todas las naciones y a través de todos los siglos (Mateo 16:18). La comunión de los santos es la vida que compartimos como una sola familia de fe, algo mucho más profundo que simplemente reunirnos para convivir (1 Juan 1:7). El perdón de los pecados viene por medio de la sangre de Jesús y se recibe por gracia cuando confesamos nuestros pecados (1 Juan 1:9; Efesios 1:7). La resurrección del cuerpo significa que el mismo cuerpo que tenemos resucitará transformado y glorioso (1 Corintios 15:51-52). Nos reconoceremos unos a otros, así como conoceremos al Señor. La vida eterna incluye tanto la vida abundante que disfrutamos hoy en Cristo como la vida que durará para siempre en gloria (Juan 10:10; Juan 11:25-26).
¿Crees esto?
El credo comienza con dos palabras personales: «Yo creo». Es una confesión que cada uno de nosotros hace delante de Dios y delante de las personas. Romanos 10:9 dice que, si confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos en nuestro corazón que Dios lo levantó de los muertos, seremos salvos.
En una ocasión, después de declarar «Yo soy la resurrección y la vida», Jesús le hizo una pregunta directa a Marta. Le preguntó: «¿Crees esto?» (Juan 11:26). Esa misma pregunta llega hoy a cada uno de nosotros.
Te animo a hacer lo que hicieron los primeros cristianos. Aprende de memoria el credo. Grábalo en tu corazón. Cuando un amigo te pregunte qué crees, estarás preparado para darle una respuesta clara y llena de gozo.