Aquí está la letra de las alabanzas que cantaremos hoy.
Canciones
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¡Felicidades a los que cumplen este mes! Celebramos contigo la bondad de Dios hacia tu vida.
- 8 de junio — Karla Sánchez
¡Que el Señor les bendiga grandemente! Si conoces a alguien más que cumple este mes, favor de avisarnos.
Hoy, 14 de junio
| Área | Persona(s) |
|---|---|
| Sillas | José Antonio, Alexis, Aneli, Shadai |
| Ujieres | Javier y Alma |
| Programa | Licho |
| Alabanza | Zabdi |
| Niños | José Antonio y Karelia |
| Agua | Alma |
El próximo domingo
| Área | Persona(s) |
|---|---|
| Sillas | Rich y Paco, Majo |
| Ujieres | Claudia |
| Programa | Sara |
| Alabanza | Anna |
| Niños | Ronit y Nadine |
| Agua | Fátima J. |
También puedes descargar el calendario completo aquí: Participaciones junio
Llevemos juntos estas peticiones delante del Señor:
- Por Karla Sánchez, quien estuvo hospitalizada en México con una infección muy fuerte. Oremos por su protección y completa recuperación, y para que su cuerpo acepte el riñón que recibió recientemente.
- Por Mary Ayuso. Damos gracias a Dios por el buen reporte: su cáncer está en remisión nuevamente. Oremos por fuerzas para su cuerpo, y de manera especial para sus piernas.
- Por Alicia Anaya, para que el Señor le conceda una recuperación total.
«La oración eficaz del justo puede mucho.»
Boletín semanal
Cada semana estamos publicando un boletín y entregándolo de forma impresa durante la reunión. También lo puedes consultar aquí: Boletín Semanal
Artículos
El viernes 12 de junio celebramos en Rushere, distrito de Kiruhura, Uganda, la graduación de 24 líderes de iglesia. El pastor Paul Kinataama fue nuestro orador invitado en esta ocasión tan especial.
Damos gracias al Señor por cada uno de estos hermanos que ahora están listos para servir y guiar en sus congregaciones. Gracias a todos ustedes por sus oraciones y ofrendas fieles que hacen posible este ministerio.
«Hoy, en Rushere, distrito de Kiruhura, graduamos a 24 líderes de iglesia. El pastor Paul Kinataama fue nuestro orador invitado. Muchísimas gracias por todo el apoyo. Con mucho amor, Benon y Hannah.»
El Señor exhorta a todos los cristianos a buscar profetizar: «Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis» (1 Corintios 14:1). La palabra «procurad» significa que debemos emprender una búsqueda apasionada, un anhelo que perseguimos. Muchos tratan el área de la profecía como una simple curiosidad, o algo que unos pocos son llamados a realizar. Pablo, en 1 Corintios 14:1, presenta el tema de la profecía como algo que todos debemos buscar.
Examinando el concepto de profecía en el Nuevo Testamento, encontramos que no se trata siempre de predecir el futuro, sino de hablar una palabra que el Espíritu Santo aviva para edificar a las demás personas: «el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación» (1 Corintios 14:3). Profetizar no engrandece al que da la palabra, sino a los que la reciben. Tiene el efecto de construir, levantar, consolar y animar al Cuerpo de Cristo.
En el día de Pentecostés se cumplió la promesa dada a través de Joel: «Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne... vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán» (Hechos 2:17). El don es para toda carne: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Todos pueden ser usados en profecía, porque no es importante la edad, si es hombre o mujer, si ocupa o no ocupa un cargo particular, porque la profecía viene por medio del derramamiento del Espíritu. Aun en tiempos antiguos, vemos que Moisés anhelaba ver este día: «¡Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta!» (Números 11:29).
Debemos profetizar «conforme a la medida de la fe» (Romanos 12:6). Esto significa que no debemos rebasar la medida de fe que el Señor nos ha dado, añadiendo a la palabra que hemos recibido de nuestra propia cosecha, pero tampoco debemos callar cuando el Señor nos da una palabra, por pequeña que sea. Quizá sintamos una pequeña impresión y creemos que es de parte de Dios. Debemos ser valientes y actuar sobre esas impresiones del Espíritu, siempre con humildad y en orden.
Toda palabra debe probarse: «No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:19-21). La medimos por la Escritura y por el carácter de Cristo, y observamos su fruto. Es importante que el que desee profetizar se sature de la Palabra escrita. Toda palabra profética debe estar de acuerdo con la Palabra escrita, ya que el Espíritu jamás se contradice a sí mismo. Por otro lado, cuidemos de no caer en el extremo de menospreciar las palabras proféticas, simplemente porque en el pasado hayamos tenido experiencias con palabras equivocadas o falsas.
Para comenzar a fluir en profecía, tenemos que aprender a escuchar. La profecía nace de una sensibilidad al Espíritu en oración sin prisa, de apartar tiempo para esperar en el Señor. Poco a poco, aprendemos a distinguir nuestros propios pensamientos de los que inspira el Espíritu Santo, y mientras más obedezcamos las impresiones pequeñas, con más claridad reconoceremos las mayores. Pueden venir como palabras en nuestra mente, alguna imagen que vemos en nuestra imaginación, algo que escuchamos, algún versículo de la Biblia que resalta, o de muchas otras maneras. Lo más importante es aprender a reconocer cuándo alguna impresión es realmente del Espíritu o no.
Cuando se ejerce bíblicamente, la profecía produce un efecto positivo tanto en otros cristianos como en personas que no creen. «Si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido... y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros» (1 Corintios 14:24-25). Cuando los anhelos más profundos en el corazón de una persona se revelan por el Espíritu, causa sorpresa y revela que Dios existe y que conoce a la persona en lo más íntimo. Hemos visto en varias ocasiones cómo el don de profecía impacta a las personas y les revela la realidad de un Dios vivo que ve y ama a cada persona.
Hagamos espacio para este don en la iglesia y probémoslo todo con amor, de modo que el Espíritu edifique al cuerpo y glorifique el nombre de Jesús.
El cuarto mandamiento es el más extenso de los Diez Mandamientos: más de 130 palabras dedicadas a un solo tema. Esto nos dice algo importante: Dios le da un peso especial al reposo.
«Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios» (Éxodo 20:8-10). Pero este mandamiento no es un frío reglamento; es un regalo. Como enseñó Jesús: «El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo» (Marcos 2:27). Dios diseñó un ritmo para la vida humana: seis días de trabajo y un día de descanso, refrigerio y adoración.
Hay algo hermoso en la posición de este mandamiento. Los primeros tres protegen nuestra relación con Dios; los últimos seis, nuestra relación con el prójimo. El cuarto está justo en medio: es un puente. El día de reposo es para el Señor, pero también para el hombre. En él se unen el amor a Dios y el cuidado del ser humano.
Bajo el Antiguo Pacto, el sábado era la señal entre Dios e Israel (Éxodo 31:16-17). Pero en el Nuevo Pacto, Pablo nos revela que aquellos días de reposo eran «sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo» (Colosenses 2:16-17). La sombra señalaba a la realidad: Cristo mismo. Jesús no nos llama a guardar un día, sino a venir a una Persona: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28).
La iglesia primitiva comenzó a reunirse el primer día de la semana —el día en que Cristo resucitó y el día en que el Espíritu Santo fue derramado—. No fue un simple cambio de día; fue el nacimiento de algo nuevo: el Día del Señor, fundamentado no en la creación antigua sino en la nueva creación en Cristo.
Hoy, como creyentes del Nuevo Pacto, no guardamos un día por obligación legal, sino que abrazamos el principio del reposo por amor. El ritmo de trabajo y descanso sigue siendo de Dios. Detenernos un día no es debilidad: es confianza. Declaramos que Dios nos sostiene, no nuestro afán. Es también un testimonio contracultural en un mundo que nunca se detiene.
Que el Señor nos ayude a vivir este equilibrio: trabajar seis días para Su gloria, y apartar un día para el descanso, la familia, la adoración y el refrigerio. Porque el verdadero reposo no está en un día, sino en una Persona: Cristo, el Señor del reposo.
El viernes 22 de mayo celebramos una hermosa graduación de 7 líderes en Kyamazima, Fortportal, región de Kabarole, Uganda. Estos hermanos han completado su preparación en la Escuela Bíblica Móvil y ahora están listos para servir en sus comunidades.
Damos gracias al Señor por cada vida transformada y por los frutos que siguen multiplicándose en esa nación. Gracias a todos ustedes por sus oraciones y ofrendas fieles que hacen posible este ministerio.
«Muchísimas gracias por todo el apoyo y las oraciones. Con mucho amor, Benon y Hannah.»
Apuntes
Declaración temática: El sexto mandamiento nos encamina a amar: Dios nos manda no quitar la vida porque quiere enseñarnos a cuidarla, a arrancar el odio del corazón y a honrar en cada persona la imagen con que fue creada.
I. Introducción
- «No matarás» (Éxodo 20:13): el más corto de los diez, el que creemos cumplir sin problema
- Pero Jesús mostró que no empieza en la acción de matar, sino en el corazón
- Más que una prohibición: Dios protege la vida porque quiere enseñarnos a amarla
II. La vida es sagrada
- El fundamento es la imagen de Dios: «Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen» (Génesis 9:5-6)
- Atacar a una persona es tocar la imagen de Dios en ella; por eso es una ofensa directa contra el Creador
- Vale para toda persona por igual: el recién nacido, el anciano, el enfermo, el desconocido
- Amar la vida es amar a Dios y al prójimo (Mateo 22:37-40)
III. Matar no es lo mismo que asesinar
- El mandamiento prohíbe quitar la vida con odio, de forma injusta y violenta
- No es el accidente, ni la defensa propia, ni la justicia que un gobierno aplica
- Por eso Dios mandó apartar ciudades de refugio para quien mataba sin querer
IV. Jesús va al corazón
- «Aun si te enojas con alguien, ¡quedarás sujeto a juicio!» (Mateo 5:21-22)
- Una progresión: el enojo guardado, el desprecio, la palabra que maldice, el odio que mata
- La lengua también mata: la burla, el apodo que humilla, el «no sirves para nada», el chisme
V. La raíz del rencor
- «Todo el que odia a un hermano… es un asesino» (1 Juan 3:15); el odio es la semilla del asesinato
- Así nació el primer asesinato: Caín no soltó la envidia ni el enojo (Génesis 4)
- «No fomentes odio en tu corazón… ama a tu prójimo» (Levítico 19:17-18)
- El que guarda rencor cree protegerse, pero en realidad se envenena
VI. Llamados a defender la vida
- El mandamiento también tiene un lado positivo: proteger la vida, sobre todo la más débil
- La del que aún no nace (Salmos 139:13-16), la del anciano y el enfermo, la tuya propia
- Y hay gracia aun para quien ha caído en este pecado: en la cruz sí hay perdón
VII. Cristo, el asesinado que da vida
- Jesús cumplió el mandamiento a la perfección y fue víctima del asesinato más injusto
- Su sangre no clama venganza; clama perdón (Hebreos 12:24)
- Él nos da un corazón nuevo: donde había piedra, pone carne (Ezequiel 36:26)
VIII. Cómo vivir esto
- Saca el rencor: ¿a quién le guardo algo? Ese es el que el Espíritu quiere sanar
- Cuida tu lengua: habla vida a tu esposo, a tu esposa, a tus hijos
- Da un paso de reconciliación esta semana: una llamada, una visita, una palabra
- Defiende la vida donde la veas amenazada; toda lleva la imagen de Dios
- El amor cumple la ley (Romanos 13:9-10)